viernes, 29 de junio de 2012

Aromas y palabras


Me duele reconocerlo, te recuerdo por tu aroma, pero no por tus palabras. Mi mente retrocede en el tiempo y recuerda esa noche de locura, porque eso era tu cuerpo,  como cuando se camina constantemente por el borde de un peligroso acantilado sin tener ni idea del siguiente paso, un peligroso camino que me llevo a la perdición mas absoluta y quizá al encuentro del paraíso mas calido y soñado que podemos encontrar en vida. 
Me llegan a bandadas y por momentos los mas sutiles recuerdos de tu aroma, de todos tus gestos, de tus jadeos mas profundos y del cansancio por la batalla librada, pero mi mente sigue sin recordar tus palabras, porque todas ellas, acordamos en ese mismo instante que había que omitirlas, porque allí en aquel instante, nos sobraban.
Y al parecer fue suficiente lo que allí ocurría, para no tener que decir nada, para no tener que interrumpir ese estado de locura con palabras vacías, sin futuro, porque lo que allí se compartía era tan fugaz como el preciso instante que tardo en apagarse esa misma pasión.
Sigue aun latente en mi tu sonrisa, esa misma que yo procuraba evitar a destajo durante toda la noche, esa misma que me hizo caer lentamente en tus dulces redes, esa que a cada paso dado durante esa noche le debes estas palabras.
Y fue casi sin buscarlo que ocurrió, porque de ahí surgen los mejores momentos en la vida, solo el tiempo compartido y el dejarse llevar por el mas primitivo de los instintos, ese mismo que aflora sin control y que nos pierde el sentido entre lo debido y lo querido, que a su vez, nos hace transitar el mas peligroso de los senderos sin llegar nunca a caer en ese precipicio, ese instinto, fue el que nos perdió por esa noche.
Fue solo una noche, pero que noche, porque por los dos era sabido de antemano que eso nunca mas volvería a repetirse, y quizá solo por eso, simplemente por eso nos sobraban las palabras.
Intento convencerme que no hubo tiempo para ellas, mientras recuerdo el disfrute, el goce y nuevamente ese aroma, si, el tuyo, el que me hace recordar una y otra vez, que por esa noche, el peligro no fue tal, el peligro se convirtió para nosotros en el dulce aliado de un objeto del deseo, del placer por el placer, comprobando que todo lo prohibido fue solo una barrera que conocimos, pero que podíamos y debíamos saltarnos sin temor alguno al momento que vivimos.
Y ahora, con ese recuerdo estallando en mi mente, siento profundamente no recordar tus palabras, porque de algo estoy seguro que quede huérfano esa noche, y fue de tu ser, tu alma y tu esencia como persona, al final eso es lo único que demuestra a los demás quienes realmente somos y quienes podemos llegar a ser.
Nunca, nunca  jamás una noche dio para tanto instinto suelto, que deseaba un tórrido encuentro, pero reconozco que nunca, nunca jamás un aroma, volverá a ser capaz de dejarme huérfano de unas palabras.

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