viernes, 2 de agosto de 2013

Callejeando

Callejear, una palabra que siempre me ha gustado, quizá por lo que me gusta andar y por lo que aprovecho callejeando al visitar cualquier lugar.
Dice el diccionario de callejear que es el acto de andar frecuentemente y sin necesidad de calle en calle. Como ya he dicho eso lo hago y lo hacemos todos alguna que otra vez, pero, ¿Se puede callejear donde no hay calles visibles?.
Quizá me explique mejor con esta otra pregunta, ¿No es callejear, cuando recorremos las calles del corazón, o las avenidas del cerebro y esas autopistas que nos conducen a nuestra alma?.
Callejeamos por unas complicadas calles cuando por nuestro corazón lo recorremos con todos esos sentimientos sueltos que tienen licencias y permisos de fabrica, sin necesidad alguna de preguntarnos si queremos que estén ahí. He de reconocer que todos hemos recorrido las calles de doble sentido que atraviesan el corazón por medio de esos sentimientos, me refiero a la calle de los sentimientos que nos generan bienestar (los buenos) y la calle de los sentimientos que nos generan tristezas y desasosiegos (los malos). Todos sin excepción hemos tenido un viaje por la peor de las calles, la decepción, del no entender porque nos ocurre algo, de no soportar el dolor que nos han causado, pero no todos han pasado por esa misma calle en la otra dirección, aquella en la que es uno mismo quien hace daño a un ser querido, a otra persona, y he de decir que yo he pasado por esa calle hace bien poco, es más no creo haber salido de ella. En esa calle cualquiera podría pensar que se sufre mucho al causar ese dolor, y esta en lo cierto, pero se sufre mucho más cuando te das cuenta del dolor causado, mucho más si es a una persona que jamas debía haber recibido ese trato.
Hacer daño lleva una condena interna implícita, mucho más cuando eso no lo haces nunca en tu vida y más aun cuando encima el error lo has cometido con esa persona, esa que sabes que es especial, pero repito la peor de las condenas es no saber como realmente lo pasa la otra persona por tu error, por el daño hecho y por ver como sufre en silencio por lo que se ha generado.
Las avenidas del cerebro no están a salvo de ese error, puesto que cuando un corazón sufre, el cerebro se resiente, no puede dejar de pensar en como arreglar la situación, de como poner fin al dolor, pero a la vez se siente un odio sin igual hacia si mismo por no haber sido capaz de pensar con la diligencia suficiente antes de cometer el error, es ahí cuando me pregunto si es cierto que somos tan solo puro sentimiento y ellos mandan más que los pensamientos racionales. Cuesta creer que después de tantos años de evolución en nuestro cerebro sigamos cometiendo errores infantiles y ya vistos con anterioridad, al final uno termina por pensar como suelen decir, que son muchas veces la única manera de aprender ciertas cosas, (a decir verdad no estoy del todo de acuerdo con esta afirmación, pero puesto que no soy un experto en la materia prefiero no llevar del todo la contraria), pero, que triste manera de aprender una lección para cada uno de nosotros, si es por culpa de un error.
Ahora me quedare con esas calles que nos llevan a nuestra alma, esas que si que son invisibles del todo, esas que nos conducen al peor de nuestros jueces, digo el peor porque es la que nos quita finalmente el sueño por todo eso que ese error ha creado en nuestro interior, pero, ¿se imaginan como se encuentra el cerebro, el alma y el corazón de la persona que ha sido herida?, pues creo que tan solo hay que quedarse con todo lo aquí dicho y multiplicarlo por infinidad de veces para hacerse una leve idea de lo que ese error y esa decepción ha causado.
Callejeamos a diario en un mar de sentimientos, pensamientos, acciones que no siempre acaban como queremos, que no siempre sabemos conducir por el camino adecuado, hay veces que necesitamos de dos o de tres intentos, y hay veces que lo adecuado es saber desistir a tiempo para no cometer ese mismo error por una segunda vez.
En una película que me encanta, dicen en cierto momento, "saberlo es fácil, reconocerlo es lo más difícil", y eso se puede aplicar para cualquier momento en la vida, si en algún momento la vida nos brinda la oportunidad de rectificar debemos aprovecharla, pero, si aun brindando esa oportunidad no se ven capaces de enmendar el error, es mejor reconocerlo y saber callejear por otro lugar antes de volver a dañar innecesariamente.