lunes, 15 de abril de 2013

Una leyenda más


¿Y si por un momento el tiempo se pudiese detener a nuestro antojo para disfrutar de lo que ahora tenemos? Esa pregunta le impacto, cuando el se la había hecho durante la cena, tan solo unas horas antes, ahora que se encontraba tendida a su lado después de haber pasado la noche mas maravillosa de su vida, pensaba en todo lo sentido y vivido, pensaba en cuanta razón tenia cada vez que le recordaba que todo lo que tenemos es para ser administrado con prestancia en el presente. Dejaba vagar sus pensamientos, mientras las horas de la noche dejaban caer el frío con intensidad, pero eso no importaba porque sentía su calor, y era el único que quería sentir, volvió al pasado mas inmediato en sus pensamientos, estos tres últimos meses desde su encuentro fortuito y casual con el, ¿o no?, solo recordaba momentos buenos, le había enseñado mas en tres meses que todo lo que ella había aprendido en sus 32 años de vida. El encuentro en aquella cafetería, le venia una y otra vez a la cabeza, se preguntaba ¿Cómo había podido tener tanta suerte de compartir este tiempo con el?, casual o no, cuando entro en aquella cafetería y tropezó de manera inesperada con un desconocido derramando todo su café en la chaqueta. Tan solo media hora después tenia una de las reuniones mas importantes de su vida y se encontraba a una hora de su casa, pero algo ocurrió cuando le escucho sin haber aun levantado sus ojos para mirarle, sintió una suavidad, una caricia que le recorría todo su cuerpo con aquella voz, fue entonces cuando al mirarlo descubrió una sonrisa que lejos de ser la mas hermosa si que era la mas cálida que hasta ese momento había admirado. En ese momento se olvido por completo de su chaqueta, de su reunión y de todo lo que a su alrededor tenia lugar, era como si todo su mundo interior hubiese explotado de golpe a la vida, el tan solo la miro, le volvió a sonreír y le invito a un café. 
Desde aquel momento, Marta, sintió como su vida daba un giro, no por lo que ella sentía, sino por todo lo que Claudio le ofrecía. Ella que había sido incapaz de sentir absolutamente nada de ese estilo por nadie en su vida, se hallaba confusa y confundida desde ese día, pero no le importaba, no quería que aquella confusión acabara jamás porque le hacia sentir viva, diferente y privilegiada, el por su parte no hacia otra cosa que ser el mismo, alguien que miraba la vida y la vivía de forma diferente y algo loca para los demás que estaban a su lado.
Ella se fijo en su reloj, eran ya las tres y diez de la madrugada, el frío por momentos aumentaba y se hacía mas patente, el permanecía a su lado, como le había prometido que estaría siempre, con eso ella ya era feliz, no se imaginaba tener que cerrar los ojos sin poder admirar su sonrisa, su mirada o tan solo escuchar la calidez de su voz.
Con sus 32 años nunca había dado rienda suelta a cometer una locura en su vida, había sido la chica que tras el instituto, había dedicado sus siguientes años a obtener unas buenas notas en su carrera y conseguir ser una de las mejores en su rama profesional una vez que comenzó en su trabajo, en realidad Marta pensaba que no había vivido hasta que lo conoció a el, Claudio por su parte había sido siempre ese chico al cual nunca le importo aquello que pudiesen decir de el, ella admiraba esa cualidad de el por encima de todas.
Marta admiraba las estrellas mientras un suave cansancio le invadía el cuerpo, luchaba por no cerrar sus ojos y seguir pensando en todo lo que en poco tiempo la vida le ha regalado, el seguía tendido a su lado dando calor a su cuerpo, pero, ese calor tenia un fin y Marta lo sabía.
Los dos se hallaban tendidos a un lado de la carretera, habían sufrido un accidente una hora antes y su tiempo se les acababa, el no se había movido desde que ella lo consiguió sacar a duras penas del coche y ella exhausta con varias fracturas y lesiones internas había sucumbido a intentar nada mas, tan solo se tumbó a su lado y permaneció junto a el, como el le había prometido a ella que estaría siempre ahí.
Marta cerro los ojos dejándose llevar por la imagen de el en la memoria y con su ultima pregunta, (fue entonces cuando el frío se adueño de ella completamente, en ese preciso instante el dejo de darle su calor, el paso a ser otro frío mas, dentro de esa madrugada), los dos seguían juntos, seguían amándose a su manera, quizá derramándose otro café, quizá haciendo sentirse uno al otro los seres mas privilegiados del planeta, allá donde se encontrasen, Marta dejó en el aire de esa noche la pregunta ¿Y si por un momento el tiempo se pudiese detener a nuestro antojo para disfrutar de lo que ahora tenemos? Y añadió al final ¿tú que harías?…
Las leyendas se construyen gracias a esas personas que creen posible todo aquello que la mayoría no logra ver y alcanzar, no se trata de que tu vida sea una leyenda conocida, sino más bien de que tu vida sea la leyenda que tu quieres construir y tener.